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Los barrios hispanos en Phoenix: Toda una época

Teatro Ramona

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El Teatro Ramona era uno de los sitios favoritos de la comunidad hispana. Cortesía Frank Barrios.

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El legado hispano en Phoenix todavía se preserva en la mente de los que escribieron la historia con sus vidas. Pero también podrá guardarse para que lo conozcan las futuras generaciones en sus barrios y edificios históricos.

Por Valeria Fernández

 

La Ciudad de Phoenix se fundó en 1868, 20 años después de que culminara la Guerra con México al firmarse el Tratado Guadalupe Hidalgo con el que los mexicanos cedieron gran parte de su territorio.

Jack Swillings, un empresario, y su esposa Trinidad Escalante, de origen mexicano, son considerados los fundadores de la ciudad, aunque Phoenix se convirtió en capital del estado hasta 1889.

Entonces Phoenix era sólo un conglomerado de granjas, dispersas en el basto territorio desértico que pertenecían posiblemente a algunos mexicanos que habían estado allí desde antes de que Arizona pasara a formar parte de los Estados Unidos.

Las fronteras estaban abiertas y el flujo de trabajadores mexicanos llegaba para trabajar en la agricultura. El sur de Phoenix era netamente un área de campitos de siembra, ubicados en las proximidades del Río Salado.

En 1870 los hispanos representaban un 52 por ciento de la población en la Ciudad de Phoenix. Una gran mayoría de las casas eran hechas de adobe al estilo de la construcción que se utilizaba en México en la época.

 

La historia se repite

 

La llegada del ferrocarril entre 1879 y 1895 aumentó las posibilidades de trabajo, ahora los productos de la agricultura tenían una forma de salir de Arizona. “Tenía que haber trabajadores. ¿Y quiénes iban a ser los trabajadores? Los mexicanos”, dice la historiadora Chris Marin.

Las tensiones entre la comunidad inmigrante del sur y los anglosajones eran frecuentes, afirmó Frank Barrios, investigador y miembro de la junta directiva de Central Arizona Project.

Con la llegada de los anglosajones de otras áreas del país atraídos por los empleos, la población hispana disminuyó e iniciaron los problemas, explicó.

De la mano de estos problemas surgieron las primeras organizaciones de defensa de los mexicanos como la Liga Protectora Latina, a principios del siglo XX, según un reporte del historiador James D. McBride.

Hacia 1914 la Legislatura estatal comenzó a impulsar leyes negativas para los mexicanos. Una de ellas, del representante W. D Claypool, prohibía que se empleara en trabajos de alto riesgo a cualquier persona sorda o muda, o que no pudiese hablar inglés. Esta medida eliminaba la oportunidad de muchos mexicanos de poder trabajar en empleos como las minas, dice McBride en su estudio.

La propuesta fue de inmediato percibida como un ataque para la comunidad mexicana, y en oposición surgió la Liga Protectora Latina liderada por Pedro G. de la Lama, un ex oficial del ejército mexicano que se mudó a Phoenix.

La “liga” comenzó a enlistar integrantes con el slogan “uno para todos y todos para uno” e implementó programas educativos en inglés y español para contrarrestar los efectos de las leyes.

En las primeras décadas del siglo XX los barrios mexicanos comenzaron a crecer, empujados por la segregación, hacia el sur de la calle Van Buren.

Entre 1900 y 1920, cerca de 47 mil hispanos llegaron a Arizona, según datos de un Reporte Histórico de Propiedades Hispanas en Phoenix. Pero no todos venían del vecino país, algunos se mudaron de pueblos mineros cercanos como Miami y Bisbee, indica el reporte.

Los recién llegados fundaron barrios como Sonorita, Cuatro Milpas, el Mezquital, las Avenidas, Canal Seco y el Campito. Los barrios estaban generalmetne ubicados entre la Calle Jackson y la Calle Henshaw (ahora Buckeye) y la Avenida 16 hasta la Calle 48.

La historia de estos barrios es narrada en un reporte que creó un grupo de consultores contratados por la Ciudad de Phoenix del grupo Athenaeum con el objetivo de documentar la herencia histórica de los hispanos e identificar edificios y vecindarios de valor histórico.

Los autores del estudio investigaron más de 200 construcciones y 19 vecindarios que hasta el día de hoy conservan los rastros de la herencia latina.

 

Crecimiento de los barrios

 

En los 40 Phoenix se convirtió en una ciudad que a principios de siglo albergaba 5 mil 500 habitantes, pero en esa década llegó a 65 mil personas y un 15 por ciento de ellos era de origen latino.

La ciudad estaba rodeada de granjas y plantaciones de algodón, cítricos y cebollas. Los canales de irrigación llegaban hasta la Calle Jefferson y la Primera Avenida, donde hoy se erige el pleno centro de Phoenix, recuerda Arturo Luera, quien creció en el proyecto de viviendas públicas Marcos de Niza, entre las calles Pima y Primera.

Luera comenzó a trabajar en las plantaciones de algodón desde los 5 años de edad hasta los 14. Entonces había leyes que prohíbian que los menores de edad trabajaran y cuando los maestros protestaban la respuesta en la casa era muy sencilla: “Dile a la señora García que venga a trabajar entonces y te dé de comer”.

Phoenix era un pueblo con casas con amplios terrenos y plantaciones, recuerda Luera. Casas sin refrigeración, gallineros y cercas cayéndose a pedazos, narra.

Los barrios habían dado lugar a agrupaciones de gente de distintos estados de México como Sinaloa y Sonora, en algunos casos.

“Mi abuelo solía decir, cuando cruces la calle ahí ten cuidado porque vas a entrar en Sonorita y ahí andan con machetes”, recuerda Luera.

Poco antes de que fuera enlistados para ir a la Segunda Guerra Mundial los jóvenes se entretenían saliendo a bailes en el famoso “Riverside Ballroom”, en la orilla del Salt River y la Calle Central. Los cines como el Teatro Azteca y el Teatro Ramona, sobre la Calle Tercera y Washington, eran conocidos por sus películas en español como “Allá en el Rancho Grande”.

Pero los buenos recuerdos están pintadas también con el tinte de la segregación.  El Riverside tenía una alberca que estaba abierta sólo los viernes para los mexicanos, porque los sábados cambiaban el agua sucia. Los cines, como el Fox, destinaban la planta alta para los mexicanos.

 “La discriminación era sutil”, recordaba Hortensia Ortiz, quien fundó el grupo de jovencitas “Flamingo Club”. “Cuando íbamos a ese teatro nos llevaban al segundo piso, y para mí eso era maravilloso, porque podíamos ver mucho mejor. Me encantaba subir las deslumbrantes escaleras”.

La Segunda Guerra Mundial se llevó consigo la vida de muchos latinos que a modo personal eran amigos y compañeros. Muchos veteranos esperaban que al regresar de la guerra se pusiera punto final a la discriminación. Pero no fue así.

En 1945, al regresar a casa, varios fundaron un club que hoy es conocido como el Post 41 de American Legions, y está localizado sobre la Avenida 2 enfrente de Grant Park. La organización unió todavía más a los hispanos de la época.

 

Preservando la historia

 

El legado hispano en Phoenix todavía se preserva en la mente de los que escribieron la historia con sus vidas. Pero también podrá guardarse para que lo conozcan las futuras generaciones en sus barrios y edificios históricos.

El grupo de investigadores que realizó el estudio histórico de Phoenix sugirió que se declaren históricos 3 barrios: Grant Park, Harmon Park y Santa Maria.

Los expertos también identificaron preliminarmente varios edificios que cumplen con el criterio para ser declarados como históricos: La Iglesia de Sagrado Corazón, American Legion Post 41, la casa de Adam Diaz, el primer concejal hispano de Phoenix, Friendly House, El Portal y el Santa Rita Center, donde César Chávez hizo su reconocido ayuno en 1972.

Para las nuevas generaciones de inmigrantes latinos que han llegado a instalarse en Phoenix y el resto del estado, conocer esta historia tiene mucho sentido, si quieren adoptar este como su nuevo hogar, dice Luera.

Su abuelo Sixto R. Luera Rubio se mudó de California a Phoenix a principios de siglo cuando era un pequeño pueblo. Un buen día Luera le preguntó: “¿Por qué Phoenix, si la familia está en California?”.

Y su abuelo le respondió: “Arturo, en el futuro van a haber edificios aquí, van a cerrar las calles para hacer fiestas aquí. Phoenix va a ser una ciudad hermosa”.

Luera pausa un instante, y después reflexiona: “¡Mi abuelo tenía toda la razón, ya está pasando!”

 

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